El santuario del bisonte americano en México

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Infinidad de veces habrás escuchado o leído que México es un país megadiverso por la gran cantidad de recursos naturales y ecosistemas que alberga. Bosques de coníferas, arrecifes de coral, montañas nevadas, desiertos, sabanas, estepas, ríos, lagos, cuevas, selvas tropicales, manglares, en fin, muchos hábitats diferentes pueden dentro de la República.

Tanta y tan importante es esta riqueza natural que a lo largo de los años se han creado las llamadas “Reservas de la Biósfera”, espacios en los que se hacen esfuerzos por preservar y/o restaurar especies representativas de la biodiversidad nacional, muchas de la cuales se encuentran amenazadas o en peligro de extinción.

Si bien existe un gran número de estas áreas naturales protegidas, hasta el 2009 no existía ninguna cuyo objetivo principal fuesen los pastizales, por lo que el 8 de diciembre de este mismo año se crea de manera oficial la Reserva de la Biosfera de Janos, en el estado de Chihuahua.

El mamífero más grande de Norteamérica vuelve a pastar en México

Hace poco más de un siglo el bisonte americano (Bison bison), el mamífero terrestre más grande de Norteamérica, recorría los pastizales del norte de México, pero debido a problemas como la caza furtiva por su carne y piel desapareció de nuestro país, dejando un enorme hueco que ningún otro animal pudo llenar.

En noviembre de 2009, gracias al esfuerzo de algunos conservacionistas, se logró la reintroducción de estos enormes rumiantes en el Rancho El Uno, aquí en Janos Chihuahua. Veintitrés ejemplares genéticamente puros (veinte hembras y tres machos) traídos desde el Parque Nacional de Wind Cave en Dakota del Sur fueron liberados. Desde entonces la población de estos animales se ha ido incrementado, llegando a casi dos centenares de bisontes en la actualidad.

La reintroducción de estos gigantes sirve conservación de este ecosistema, pues al desplazarse ayudan a esparción de semillas y fertilización del suelo a través de sus heces y orina.

El perrito de la pradera: ícono mexicano

Dentro de las 526 482 hectáreas que ocupa esta reserva habitan varias colonias de perritos de la pradera (Cynomys ludovicianus), especie considerada un emblema de las planicies mexicanas y por la cual fue creada.

Estos roedores emparentados con las ardillas viven en grandes colonias conformadas por numerosos grupos de familiares, además de tener un complejo sistema de comunicación entre ellos. Fueron considerados plaga en los Estados Unidos a finales del siglo XIX ya que se decía que competían con el ganado (algo que es completamente falso), por lo que el gobierno estadounidense los eliminó en más del 90% del área que habitaban. Actualmente se hacen esfuerzos para su recuperación.

Estos animales tienen un papel fundamental para la conservación de este ecosistema, pues ayudan a prevenir la desertificación, su madrigueras sirven como refugio para otras especies, podan y delimitan los pastizales y también sirven como fuente de alimento para águilas, zorros, coyotes, serpientes y demás depredadores.

El hurón de patas negras: otra especie que lucha por recuperar su hogar

El hurón de patas negras o hurón patinegro (Mustela nigripes), parecido a las comadrejas, habitó en gran parte de América del Norte, desde las praderas al sur de Canadá, los estados de Montana, Wyoming, Dakota, Utah, Colorado y Arizona en EUA, hasta el norte de México.

Su distribución estaba muy ligada a la de perritos de la pradera, por lo que cuando estos fueron desapareciendo, la población hurones se redujo, extinguiéndose en muchos de estos sitios.

En septiembre de 2001 fueron liberados cuatro patinegros en la región de Janos, siendo la primera vez en más de cien años en recorrer esta zona del continente. En diciembre del mismo año se liberaron otros noventa hurones.

También le dan un gran valor ecológico a la reserva de Janos, pues son una muestra de cómo es posible la recuperación de animales que en un pasado habitaron esta zona del país, pero que debido a la acción humana fueron erradicados.

La importancia de Janos

Los pastizales chihuahuenses tienen un papel fundamental para la vida en esta región, pues además de ser el hábitat y refugio de numerosas especies, también ayudan al sustento económico de la gente que allí vive.

La desaparición de este ecosistema tendría graves consecuencias, pues juega un rol clave para reducir los efectos del cambio climático al evitar la degradación del suelo y ayudar a la recarga de los mantos acuíferos que ya de por sí han desaparecido casi por completo en este punto.

Actualmente, varias organizaciones como el Instituto de Ecología de la UNAM, la Comisión Nacional para la Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), el gobierno local y algunas asociaciones civiles realizan esfuerzos para regular las actividades agrícolas en la zona, su mantenimiento y restauración, así como concientizar a la gente sobre el valor y la importancia de cuidar esta tierra.

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