Las Poquianchis, hermanas y asesinas seriales que hicieron temblar a México

0
965

91 asesinatos, mujeres enterradas vivas, una de las historias más frías de México: Las Poquianchis, las “asesinas seriales más prolíficas en la historia de México”.

Una de las historias más escalofriantes del país es la de Las Poquianchis, 4 hermanas consideradas como “las asesinas seriales más prolíficas en la historia de México” por sus temibles actos que hoy en día siguen causando escalofríos a quien los lee.

El inquietante relato se centra en Delfina González Valenzuela, quien lideraba el grupo criminal, y sus hermanas María de Jesús, María del Carmen y María Luisa ‘Eva’, todas provenientes de una familia disfuncional con un padre autoritario y violento, y una madre víctima de esa violencia y fanática religiosa.

Ante ello, es fácil determinar que la violencia siempre fue parte de su vida, además de que se dice que su padre, al ejercer el cargo de alguacil, las obligaba desde pequeñas a presenciar las ejecuciones de los presos.

El comienzo de la pesadilla

Todo comenzó a finales de los 40’s, cuando en San Juan de los Lagos, Jalisco, Delfina González decidió abrir un burdel para ofrecer noches de placer a todo tipo de hombre. El lugar fue llamado “Guadalajara de Noche” y contó con una fama bastante ostentosa… que años después se volvería tétrica.

Según se cuenta, Delfina, como dueña del lugar, se valía de mentiras para atraer a sus “empleadas”; entre ellas aseguraba que ofrecía trabajos como empleadas domésticas, cuando la realidad era otra, más oscura de lo que se podría creer. Además, si sus mentiras no eran suficientes para atraer a las jóvenes de entre 13 y 15 años de edad, las robaba sin piedad para adentrarlas en su pesadilla.

Tras el rapto, las víctimas eran llevadas al burdel, donde se les desnudaba para analizar su cuerpo y ver si “eran aptas” para el trabajo. Posteriormente los trabajadores de Delfina se encargaban de violarlas, soltando golpe tras golpe siempre que las jóvenes intentaban defenderse.

Lo siguiente consistía en arreglarlas y esperar a que la noche llegara para presumirlas con la clientela, y así comenzaba el negocio sexual.

Los relatos indican que las víctimas eran alimentadas únicamente de 5 tortillas y un plato de frijoles al día. Y además de los favores sexuales también eran obligadas a limpiar el lugar y atender a Las Poquianchis.

Por otra parte, había un reglamento bastante estricto que debían cumplir, pues para Delfina la prostitución no era un pecado siempre y cuando se cumplieran al pie de la letra una serie de normas; si las jóvenes no las acataban, una tortura las esperaba o inclusive la muerte, pero siempre a mano de los trabajadores que ayudaban a Las Poquianchis, pues según se dice ellas no asesinaban a las mujeres de forma directa.

Además, para las hermanas, cuando una de sus trabajadoras llegaba a los 25 años, era casi sinónimo de “vejez”, pues consideraban que por su edad ya no eran atractivas para los servicios, por lo que las mandaban a matar con su “Verdugo”, Salvador Estrada Bocanegra, quien se encargaba de encerrar a las mujeres en una habitación donde posteriormente eran golpeadas hasta casi perder la consciencia, y hay quienes aseguran que también se les aplicaban planchas calientes en la piel o las arrojaban desde lo alto de la azotea. También aseguran que en uno de los actos mas crueles implicaba enterrarlas vivas.

Es bien sabido que hubo algunos embarazos en el “negocio”, lo cual era repudiado por Delfina y sus hermanas, por lo que obligaban a las mujeres a abortar y, de acuerdo a lo que se cuenta, los fetos eran guardados en frascos para posteriormente deshacerse de ellos. Pese a ello, hubo algunos bebés que lograron nacer, pero corrieron con el mismo triste destino: fueron asesinados y enterrados en el rancho donde se ubicaba el negocio, aunque se dice que solo uno de ellos fue dejado con vida debido a que uno de los clientes lo había solicitado “para experimentar”.

Cuando todo llegó a su fin

Fue en 1964 cuando las escalofriantes acciones de Las Poquianchis fueron descubiertas. Catalina Ortega, víctima que logró escapar del espeluznante lugar, alertó a las autoridades de lo que sucedía en el lugar. Luego de dar con la ubicación, todo salió a la luz y a Defina y sus hermanas las esperaba la cárcel. Pese a que intentaron negar la declaración de la jóven, en el negocio la policía encontró alrededor de 90 cuerpos de mujeres enterrados, huesos y los fetos que habían sido extraídos.

Las Poquianchis recibieron una sentencia de 40 años en prisión, que en esa época significaba la pena máxima. Delfina y María del Carmen, murieron dentro de prisión. María de Jesús logró salir de las rejas tras cumplir su condena, y posteriormente falleció. De María Luisa “Eva” se dice que ingresó a un manicomio.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here